No es la primera vez que traemos las palabras de Laura Escudero Tobler a esta charca. Y es que cuando esta mujer habla se nos remueven las aguas.
Esta vez la reflexión, honda, es sobre literatura y oralidad, asunto que nos ocupa, nos atañe y, en ocasiones, nos preocupa. Os dejamos el artículo íntegro y el enlace de su blog en su nombre.
Septiembre de 2008. Participación de la mesa “La palabra hablada puesta en juego: Literatura, tradición oral y lectura”
La voz y la mirada: o la materia indisoluble de la narración oral.
Les propongo compartir algunas ideas sobre la experiencia de la narración oral y su relación con la literatura. Tarea improbable porque abarca un gesto de la humanidad que se pierde en el tiempo y ha encontrado infinitos sentidos y formas en todas las culturas. Sin embargo, tal vez, pueda detenerme sobre algunos aspectos. Rasgos que imagino universales. Hebras del hilo invisible que atraviesa a todas las comunidades.
El paso del tiempo deja sedimentos interesantes. Esa distancia permite descubrir lo que queda, ver las huellas, como los dibujos de la borra en el fondo de una taza de té. Huellas para ser leídas. En ese marco de “lectura” arrimo algunas conjeturas acerca de esos aspectos de la narración oral y su particular relación con la literatura.
En tiempos remotos, algún humano recién parado sobre sus dos pies subyugó a un auditorio con una narración. Fascinó con palabras a otras criaturas de su especie, las elevó a una potencia distinta, las invitó a habitar un universo de ficción. Y esto, que sucedió hace milenios, vuelve a ocurrir ahora mismo en distintas culturas.
Está aconteciendo. Aún. Y todavía sucederá.
Entonces ¿Qué tendrán en común estas experiencias lejanísimas en el tiempo y tan cercanas en la forma? Algo ahí me permite esbozar una idea. La relación entre la literatura y la narración oral está vinculada a la forma. Quiero decir, la dimensión material de un relato es constitutiva, le otorga una identidad y finalmente queda ligada al contenido. Los relatos de ficción habitan objetos muy diferentes: libros, teatro, cine. Sin embargo, sólo en el caso de la narración oral, el relato cobra la forma de un ser humano, de un otro literal puesto en escena. No es el otro ficcional del teatro. Se trata de alguien cuya identidad queda anudada a su único rol: El narrador.
Hay alguien que produce un relato para otro. Se trata de una experiencia en la que no predomina la actuación sino lo contado. La palabra es vivencial. Esta circunstancia particular, marca una diferencia y pone de relieve ciertas características. Reconozco dos condiciones indisolubles presentes cada vez que se lleva a cabo una narración oral. La voz y la mirada dirigidas a otro u otros. Voy a proponer entonces una reflexión sobre estos dos rasgos/objetos: voz y mirada.
Durante una narración, la voz traza un dibujo en el aire. Hiere su consistencia por un fragmento de tiempo. La materialidad del sonido imprime una marca efímera, que se desvanece en el vértigo de un instante. Sucede. Sin embargo, hay algo más allí. La mirada que sostiene. Y digo mirada no visión (la visión es por completo prescindible) hablo de la mirada en su dimensión de captura, atrapamiento del otro. Hablo de un cuerpo que mira, que hace foco. Les propongo pensar en la mirada que implica reconocimiento, que admite al otro y lo hace parte de una situación de complicidad. La mirada es un punto de conexión muy fuerte con los demás, piensen en la soledad, la lejanía infranqueable que evoca la frase: “la mirada ausente”.
En el objeto mirada hay una suspensión temporal, es decir, la mirada está en el registro de la duración, de un “no sabía durante cuánto tiempo miraba eso” mientras que en la voz hay inmediatez, envolvimiento y modulación. La mirada atrapa y la voz fluye.
La mirada y la voz. La voz que discurre, encadena palabras y la mirada que sostiene.
Esto acontece inevitablemente durante el acto de narrar. Imagino que no se deviene narrador sin trabajo, se debe tener un poco de juglar y otro poco de hechicero, porque se suscitan estas condiciones humanas muy especiales. La relación entre el narrador y los participantes es intensa, el clima que se instala admite una particular potencia emotiva en el ambiente. Se siente, se respira. Por muchos que sean los que participan, hay allí una sensación de intimidad, de comunidad que ha aceptado el pacto ficcional y está dispuesta a entregarse al relato. Está dispuesta a suspender por ese momento el estado de sospecha sobre la palabra del otro, de juicio crítico objetivo. Esa comunidad está dispuesta a creer el “como sí” del relato de ficción. Todas las religiones han aprovechado estos efectos embriagadores de la narración oral.
Es precisamente esa “emotividad” de la que hablo, que se instala desde la voz y la mirada, lo que liga el relato a la memoria. Tal vez hecha de aquella misma materia que anuda a cada sujeto a la cultura y que sucede al interior de cada familia durante la primera infancia. Ya sabemos que no todo se recuerda del mismo modo y que la memoria tiene sus trampas. Pero también podemos afirmar que bajo ciertas condiciones subjetivas se favorece el recuerdo. No hace falta insistir sobre la importancia que tiene la narración oral en la construcción de la memoria colectiva. Y digo construcción porque no sólo se transmite, también se recrea y actualiza continuamente. La narración oral es un dispositivo cultural presente en todos los pueblos. Una de las formas en que la palabra circula entre las personas de una comunidad y las liga a ella. Enlaza a los sujetos de un modo que escapa a otra forma de atrapamiento que no sea el de un cuerpo vivo que cuenta.
Entonces, la narración oral es una experiencia existencial. El narrador urde el relato sobre la voz y la mirada. Pero también es una experiencia comunitaria y cultural porque activa el lazo social, pone en relación de presencia, la memoria.
Suponemos que la tradición oral de un pueblo marca el inicio de una literatura, sin embargo, cuando aparece la escritura, los caminos se abren, y la especificidad de la forma se anuda al contenido. Muchas veces, la literatura escrita se nutre de la tradición oral, la recoge y aparecen versiones escritas pero ya son otra cosa. La palabra queda ceñida al texto y prescinde, para su memoria, de la voz y la mirada en situación. Algunas compilaciones buscan un registro discursivo cercano a la oralidad, para aproximarse a la fuente, pero es un recurso de la escritura. La literatura oral continúa por su vía y ninguna forma sustituye a otra, porque cada una ocupa un lugar diferente en la trama cultural que nos contiene.
Me parece que actualmente la narración oral tiene una identidad bien específica, se nutre de otras artes no cabe duda. Como todas y cada una. Las literaturas, -oral y escrita- dialogan, se intervienen, se enriquecen, exploran sus límites. Ocurre lo mismo con el cine y la literatura, etc. Y dije que es compleja la relación porque está llena de pasadizos, puentes y túneles secretos. Sin embargo, cada una constituye un universo y opera con una lógica particular.
Pero si hablamos de lectura en voz alta pasamos a otra esfera. Es un modo de acceso a un texto escrito. Por eso, persistirá la lógica de la lectura de lo escrito. De la letra. La captura del sujeto, el atrapamiento desde la mirada, ocurre por el texto. Lo que te mira, lo que te apresa es el texto. El texto es el objeto de la relación, lo que se inviste de afecto. Durante la lectura comunitaria los que escuchan son testigos del modo en que un lector se relaciona con una lectura. Una relación de amor con ese texto que transita los vaivenes y vicisitudes que van del déficit a la fascinación. Y ese acto, tendrá sus efectos, sobre el auditorio. Se percibirá la carga afectiva puesta en juego. El lector invitará al amor o a la indiferencia. La lectura en voz alta, es una estrategia, que en el caso de hablar de lectura literaria, estará íntimamente ligada al contexto, al sentido construido, en el marco de otras muchas estrategias con las que es posible abordar la literatura.
Para finalizar creo, que es justamente la diferencia, estos rasgos particulares, lo que hace interesante la relación entre la narración, la tradición oral y la literatura. Encontrar en “lo otro” una distancia, el enigma de una naturaleza diversa, que da sentido al diálogo, a la búsqueda, al amor, en fin. Y quedan todavía muchos romances pendientes y vendrán vástagos y buscaremos todavía nuevas líneas de filiación que explicarán apenas dónde comenzó y hasta dónde llega la magia cada vez.
Espacio CUENTO PALABRA, Foro Internacional de Oralidad y Literatura enla Feriadel Libro Córdoba. Organizado por Rubén López y Alejandra Oliver Gulle.